Mis estudiantes son el combustible, la energía, el motor, el apoyo y el aprendizaje que sin duda alguna necesito cada día. Lo mejor que puedo aportar a mi sociedad es la contribución sincera, con patriotismo, con lealtad, con soberanía y con amor... a mi país. Soy optimista en soñar con un mejor país, en el cual las oportunidades no tengan que ser calificadas en poder... en consanguinidad... en circulo o estrato social; sino en el potencial y las capacidades que con esfuerzo y sudor académico se han cosechado y se han obtenido. Aquellos esfuerzos que representan el valor de una familia, de valores que son la razón suficiente para defender con amor y con carácter.
El preparar a nuestras nuevas generaciones se constituye en el reto más grande que las últimas décadas de formadores han enfrentado. Es parte del cambio... de la evolución... Pero, entonces es acá preciso preguntarnos y reflexionar: ¿Están dispuestos nuestros alumnos al cambio? ¿Pueden aún saber escuchar? ¿Perdimos mucho tiempo? ¿Seguimos un patrón de enseñanza prehistórico? ¿Nos desviamos del camino? Serán muchas las preguntas, solo el tiempo en darnos respuestas claras. Mientras tanto corresponde a los docentes que enfrentamos estos retos ser partícipes de los fundamentos que puedan contribuir a mejorar nuestro sistema educativo. Muchos serán los retos a enfrentar y los sistemas a vencer, sin embargo al observar y ser participes de lo que estas imágenes pueden compartir responden a todas estas interrogantes y a las que hasta ahora pueden ser resueltas, sin olvidar que somos afortunados de presenciar el desarrollo espontaneo de una sonrisa y de un cambio significativo con calidad según nosotros nos lo propongamos.